Una buena hidratación puede marcar la diferencia entre llegar o no llegar a la meta.
Si quieres mejorar tu rendimiento deportivo y sentirte mejor mientras haces ejercicio, debes mantener tu cuerpo bien hidratado.

Para empezar con buen pie es necesario estar bien hidratado antes de iniciar el entrenamiento. Entre 1 y 2 horas antes del ejercicio, es aconsejable beber entre 750ml y 1L de agua o bebida hipotónica. Si hace mucho calor, puedes añadir entre 400 y 500 ml hasta 30 minutos antes del ejercicio. Eso sí, para evitar efectos no deseados como el flato, se aconseja no beber una gran cantidad en una sola toma.

Una vez empieces tu entrenamiento o competición debes continuar hidratándote siempre que la práctica dure más de 30 minutos. Y ¿cuánto líquido debes tomar? Variará de persona a persona, también de la intensidad de la actividad física y las condiciones ambientales, pero de forma genérica deben tomarse entre 150 ml y 200 ml de líquido cada 20 minutos. La temperatura ideal de la bebida para una correcta hidratación debe ser de 10-20ºC.

Lo más importante es escuchar a tu cuerpo y observar cualquier síntoma para evitar una posible deshidratación y, sobre todo: ¡no esperes a tener sed!

¿Cómo saber si estás deshidratado? Las señales más habituales acostumbran a ser sed, boca seca, debilidad, fatiga, hormigueo y/o calambres musculares, que pueden terminar en náuseas, vómito o un golpe de calor, llegando a suponer un riesgo grave si no se tratan.

Una vez finalizada la actividad deportiva, es vital rehidratar el cuerpo para que se recupere de forma óptima.

Recuerda que nuestro cuerpo es tres cuartas partes de agua. Hidrátate antes, durante y después de hacer deporte para mantenerte en buen estado de salud y alcanzar tus metas.

Albert Martínez
Nutricionista deportivo

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